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martes, 31 de mayo de 2011

Final de infarto en las elecciones de Perú

Diez años de un crecimiento sostenido del 5,7% no han servido para mejorar las condiciones de vida de la población más pobre del país. Ambos candidatos intentan captar el 5 de junio el apoyo de un electorado que pide cambios en un modelo que aumentó las desigualdades.

"Si la gente creyera que mi padre es culpable, ningún peruano habría votado por mí", afirmaba Keiko Fujimori en septiembre de 2007. Que dos años después Alberto Fujimori fuera condenado a 25 años de prisión por crímenes de lesa humanidad no parece haber moldeado el discurso de la hija del ex dictador, que sigue sosteniendo la inocencia de su padre. Tampoco parece haber dejado una huella profunda en buena parte del electorado peruano. “Todavía está instalada en la opinión de muchas personas la justificación de estos crímenes”, afirma Francisco Soberón, abogado de la organización de derechos humanos APRODEH.

“Se puede tener dudas de Humala, pero de Keiko tenemos pruebas”, dijo el profesor de Harvard Steven Levitsky en una de las frases más repetidas de la campaña. Las mismas pruebas que pesan contra muchos de sus principales colaboradores, Marta Chávez, Hernando de Soto, Rafael Rey o Jaime Yoshiyama, que fueron estrechos aliados de su padre en la década del ’90. Sin embargo, tras una primera vuelta, en la que Ollanta Humala ganó con el 31,6% frente al 23,5% de Keiko, las preferencias parecen haberse invertido. O por lo menos es lo que señalan las últimas encuestas, que situaban a Keiko Fujimori como nueva presidenta con una diferencia de uno a seis puntos. La maldición de las segundas vueltas parece perseguir a Humala.


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