Páginas vistas en total

martes, 9 de marzo de 2010

Sacando partido de la ruina.....

Mi amiga y compañera Angelica ha estado haciendo un seguimiento en las columnas de opinion y me manda estos dos articulos que no tienen desperdicio...

"Aquí van dos artículos. Uno, el primero, acerca de las bondades del neoliberalismo en Chile y de cómo ello estaría significando en que no se estén lamentando más muertes o desastres tras el terremoto; y el otro es la respuesta de Naomi Klein a este “postulado”...
Besos
Angélica"


Cómo Milton Friedman salvó a Chile
Este artículo del The Wall Street Journal, le explica al mundo que, si Chile no se pulverizó como Haití debido al terremoto, es gracias a la influencia de Milton Friedman y sus discípulos, los chicago-boys. A ellos incluso se debería que el Palacio de La Moneda, construido a finales del siglo XVIII, siga en pie, a diferencia de lo ocurrido con la casa de gobierno en Puerto Príncipe. El título, es el aparecido originalmente en The Wall Street Journal. En breve, publicamos la respuesta dada a esta columna por la autora izquierdista Naomi Klein, aludida en el texto.
_____
Por Bret Stephens
Milton Friedman dió a los chilenos los medios intelectuales para sobrevivir el terremoto y, ahora, como rehacer sus vidas.
Milton Friedman falleció hace más de tres años. Pero es seguro que su espíritu flotaba protectivamente sobre Chile en las primeras horas del sábado. Mayormente gracias a él, el país ha soportado una tragedia que en cualquier otro lugar hubiera sido apocalíptica
La magnitud de los terremotos se mide en escala logarítmica. El terremoto que sacudió a Northridge en 1994 midió 6.7 en la escala Richter. Pero la energía sísmica que ocasionó fue sólo la mitad del terremoto que sacudió Haití en enero, que fue el equjivalente a 2,000 bombas tipo Hiroshima estallando todas simultáneamente.
En contraste, el terremoto del sábado en Chile midió 8.8. Eso es casi 500 veces más poderoso que el de Haití, o un millón de bombas tipo Hiroshima. Sin embargo, el balance de las muertes en Chile -711 al escribir estas líneas - fue sólo una pequeña fracción de los 230,000 que se cree perecieron en Haití.
El palacio presidencial de Chile sobrevivió casi intacto el terremoto. No fue ése el caso en Haití.
No es casual que los chilenos estaban viviendo en casas de ladrillo y los haitianos en casas de yaguas cuando llegó el terremoto. En 1973, el año en que el gobierno socialista de Chile fuera derrocado por el general Augusto Pinochet, la economía de Chile estaba en ruinas. La inflación llegó hasta una tasa anual de 1000 por ciento, las reservas de divisas extranjeras estaban totalmente agotadas, el Producto Nacional Bruto era casi igual al de Perú, y bastante inferior al de Argentina.
Lo que sí tenía Chile era caudal intelectual, gracias al programa de intercambio entre su Universidad Católica y el departamento económico de la Universidad de Chicago, en aquel entonces hogar académico de Friedman. Aun antes del golpe de 1973, varios de los “muchachos de Chicago”, en ?hile habían diseñado una serie de propuestas políticas que equivalían a una receta lpara la liberalización económica: drásticas reducciones del gasto gubernamental y la disposición de dinero, privatización de las compañías pertenecientes al estado, eliminación de obstáculos a la libre empresa e inversión extranjera, y así sucesivamente.
En la mitología izquierdista - notablemente en la tediosa “Doctrina de Choque” de Naomi Klein - los muchachos de Chicago eran sólo extraños compañeros de la dictadura de Pinochet y cómplices de sus crímenes, “Si la pura teoría económica de Chicago se puede implementar en Chile al precio de la represión, ¿deben los autores sentir alguna responsabilidad?” escribíó en octubre de 1975 Anthony Lewis, columnista del New York Times. De hecho Pinochet, que había sido mayormente indiferente el consejo de los muchachos de Chicago, se vió forzado, por la continua crisis económica, a buscar algunas alternativas políticas. En marzo de 1975 tuvo una conferencia de 45 minutos con Friedman, y le pidió que le escribiera una carta en que propusiera algunos remedios. Friedman le contestó un mes más tarde con una propuesta de ocho puntos en que mayormente reflejaba los temas de los muchachos de Chicago.
Por sus esfuerzos, Friedman sería difamado, durante el resto de su vida, como cómplice del mal: en la ceremonia del Premio Nobel, al año siguiente, confrontó protestas y abucheo. El mismo Friedman no supo si sentir diversion o molestia por los insultos , más tarde señaló irónicamente que había dado a las dictaduras comunistas el mismo consejo que a Pinochet, sin provocar abucheos de los izquierdistas.
En cuanto a Chile, Pinochet nombró a una sucesión de muchachos de Chicagos para algunos cargos económicos importantes. Hacia 1990, el año en que entregó el poder, el Producto Nacional Bruto había aumentado en un 40% (en dólares de de 2005) mientras que Perú y Argentina se estancaban. Los sucesores democráticos de Pinochet - todos ellos nominalmente a la izquierda del centro - profundizaron el impulso liberalizador. Resultado: los chilenos han devenido el pueblo más rico de America Latina. Tienen el más bajo nivel continental de corrupción, el más bajo nivel de mortalidad infantil, y el más bajo número de personas viviendo bajó el nivel de pobreza.
Chile tiene asimismo uno de los más estrictos códigos mundiales de edificios. Eso tiene sentido en un país ubicado sobre dos masivas placas tectónicas Pero tener códigos es una cosa y aplicarlos es otra. La calidad y consistencia de la aplicación están típicamente relacionadas con la riqueza de las naciones. Mientras más pobre es el país, más probable es que escatimen en armaduras, o usen concreto de baja calidad, o mientan en cuanto a obedecer regulaciones. En el terremoto de Sichuan de 2008, miles de niños murieron bajo los escombros de escuelas construídas según las regulaciones.
En “La doctrina de choque”, Klein tituló uno de los subcapítulos “El mito del milagro de Chile”. Según el mismo, lo unico que lograron Friedman y los muchachos de Chicago fue “aumentar la riqueza en lo alto y hacer desaparecer una gran parte de la clase media.” Los chilenos de todas las clases - que viven después de un verdadero choque - pueden tener una opinión distinta sobre Friedman, que ayudó a darles los medios para sobrevivir el terremoto y, ahora, reconstruir sus vidas.

Respuesta de Naomi Klein:
La viga socialista chilena
(Publicado en The Guardian)
Noami Klein
www.naomiklein.org
Traducción del inglés para Rebelión por Carlos Valladares
Desde que la desregulación causo un colapso económico de ámbito mundial en septiembre del 2008 y todo el mundo se convirtió de nuevo al keynesianismo, no ha sido sencillo ser un seguidor fanático del economista Milton Friedman. Está tan ampliamente desprestigiada la marca de los fundamentalistas del libre mercado que sus seguidores han desarrollado una creciente desesperación por reclamar victorias ideológicas aunque sean nulamente convincentes.
Tenemos un ejemplo particularmente desagradable a mano. Sólo dos días después de que Chile fuera golpeado por un devastador terremoto, el columnista del Wall Street Journal Bret Stephens informaba a sus lectores de que “seguramente el espíritu...” de Milton Friedman” ... planeaba de manera protectora sobre Chile” porque,” gracias en gran parte a él, el país ha resistido una tragedia que en otro lugar habría sido un apocalipsis... No es por casualidad que los chilenos vivieran en casas de ladrillo –y los haitianos en casas de paja- cuando el lobo llegó y trató de derrumbarlas”.
Según Stephens, las radicales políticas de libre mercado prescritas al dictador Augusto Pinochet por Milton Friedman y sus tristemente célebres “Chicago Boys” son la razón de que Chile sea una próspera nación con “una de las más estrictas normativas de construcción del mundo.”
Hay un problema bastante grande con esta teoría. La normativa de construcción antiseísmos, redactada para resistir terremotos, se promulgó en 1972. Ese año es de un significado enorme porque fue un año antes de que Pinochet alcanzara el poder con un sangriento golpe apoyado por Estados Unidos. Esto significa que la persona que merece el elogio por la ley no es Friedman, o Pinochet, sino Salvador Allende, presidente socialista democráticamente elegido de Chile. (En verdad muchos chilenos merecen el elogio pues las leyes fueron la respuesta a una larga historia de terremotos, y la primera ley fue promulgada en 1930).
Parece significativo, por otra parte, que la ley se pusiera en marcha en mitad de un paralizante embargo económico (“haced gritar de dolor a la economía” famoso gruñido de Richard Nixon después de que Allende ganara las elecciones de 1970). La normativa se instauró al día después en los noventa, bastante después de que Pinochet y los Chicago Boys estuvieran, finalmente, fuera del poder y la democracia fuera restaurada. Una pequeña cuestión: como señala Paul Bruman, Friedman era ambivalente acerca de las normativas de construcción viéndolas como otro atentado contra la libertad capitalista.
En cuanto al argumento de que las políticas de Friedman son la razón de que los chilenos vivan en “casas de piedra” en vez de “paja” está claro que Stephens no sabe nada del Chile pre-golpe. El Chile de los sesenta tenía los mejores sistemas educativo y sanitario del continente a la vez que un dinámico sector industrial y una clase media en rápida expansión. Los chilenos creían en su sistema por lo cual eligieron a Allende para llevar el proyecto aun más lejos.
Después del golpe y la muerte de Allende, Pinochet y sus Chicago Boys hicieron todo lo posible para desmantelar el sector publico de Chile, subastando empresas del Estado y desmembrando las regulaciones financieras y comerciales. Se creó enorme riqueza durante este periodo, pero a un costo terrible: en los primeros ochenta las políticas, prescritas por Friedman, de Pinochet habían causado una rápida desindustrialización, una multiplicación del desempleo por diez y el surgimiento explosivo de inestables y visibles zonas de infraviendas. Llevaron también a una crisis de corrupción y a una deuda tan fuerte que, en 1982, Pinochet se vio forzado a cesar a sus consejeros clave entre los Chicago Boys y a nacionalizar varias de las grandes instituciones financieras desreguladas (¿Suena familiar?)
Afortunadamente, los Chicago Boys no se las apañaron para deshacer todo lo que Allende consiguió. La compañía nacional de cobre, Codelco, siguió en manos del Estado, extrayendo riqueza para las arcas públicas e impidiendo a los Chicago Boys hacer explotar del todo a la economía chilena. Tampoco llegaron a desmantelar la dura normativa de construcción de Allende, una pasada por alto ideológica de la que todos deberíamos estar agradecidos.
Fuente: www.naomiklein.org/articles/2010/03/chiles-socialist-rebar

No hay comentarios:

Publicar un comentario