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miércoles, 16 de septiembre de 2009

Tanta mineria y petroleo ¿para que?


Mientras crecen las necesidades de los pobres de América Latina, Chile, Colombia y Brasil son los países de América del Sur que más gastaron en armas durante 2008. Según el estudio anual del Instituto de Estudios para la Paz de Estocolmo (Sipri, por su sigla en inglés), el gasto militar total en la región ascendió a 34.071 millones de dólares.


Según un análisis del Conflicto Barómetro, citado en CNN-Chile por Rodrigo Álvarez, investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), muy pocos países latinoamericanos redujeron sus gastos miliares (Argentina, Bolivia, Paraguay y Uruguay), pero Chile lidera el gasto militar por habitante, que ascendió a 290 dólares “per cápita” en 2008, mientras Colombia gastó 115, Ecuador 89 y Brasil 80. En relación al PIB, Ecuador gasta el 3,81%, según el SIPRI, seguido por Chile, con un 3,73% y Colombia, con 3,34%.


Los militares chilenos se financian con un “impuesto propio” del 10% a las ventas brutas de la estatal Corporación del Cobre (Codelco), “tributo” establecido por la dictadura militar (1972-1990) en la llamada Ley Reservada del Cobre, cuyo texto nadie puede conocer. Esta “ley” de los dictadores continúa vigente y no grava las utilidades, sino las ventas brutas de Codelco, que explota menos de un tercio del metal porque el resto regresó a manos privadas, nacionales y extranjeros, cuando la dictadura revirtió la nacionalización de Salvador Allende. Este impuesto castrense, que pocos conocen en Chile, en cierto modo ha salvado a Codelco de la privatización, por la oposición militar a cualquier innovación sobre su beneficio. Las corporaciones que explotan casi el 70% restante del metal no pagan más que un modesto royalty del 1,3%, al que siempre se opuso tenazmente Eduardo Frei, quien privatizó el agua, el mar y otros recursos naturales cuando ya fue presidente.Ernesto CarmonaArgenpress El Ciudadano



Ernesto Carmona

Argenpress El Ciudadano

MIAMI.- A pesar de la peor crisis económica mundial desde la década del 30 y de los pronósticos de que el número de pobres se incrementará este año en América latina, los países de la región destinan los mayores presupuestos de los últimos tiempos al gasto militar.

La semana pasada, el presidente venezolano, Hugo Chávez, visitó Rusia para comprar 500 helicópteros de combate por un valor de 500 millones de dólares, según la agencia estatal de noticias rusa, RIA Novosti. Con esta adquisición, las compras venezolanas de armas a Rusia en los últimos cinco años alcanzarán los 5000 millones de dólares.

Unos días antes, el presidente brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva, había recibido a su par francés, Nicolas Sarkozy, en la capital de Brasil, donde anunció el comienzo de negociaciones formales para la compra de 36 aviones de combate Rafale, de fabricación francesa, que probablemente tengan un costo de más de 7000 millones de dólares.

Además, Brasil sigue adelante con el plan de comprar y producir con Francia otros armamentos franceses, incluyendo cuatro submarinos de guerra Scorpène, 50 aviones de transporte militar y lo que será el primer submarino nuclear de América latina.

Chile, a su vez, compró recientemente 18 aviones de combate estadounidenses y anunció su plan de adquirir cañones de largo alcance y radares a Estados Unidos. Hasta Bolivia, el país más pobre del Cono Sur, ha abierto una línea de crédito de 100 millones de dólares para comprar armas a Rusia.

Durante una visita a Perú la semana pasada, me sorprendió ver todos los días grandes titulares en los periódicos sobre las compras de armas en países vecinos.
"Es algo que preocupa -me dijo el ministro de Relaciones Exteriores de Perú, José Antonio García Belaunde, en una entrevista-. Nadie puede explicar a qué obedece, porque ésta ha sido una región tradicionalmente pacífica." Bonanza y reservas

De acuerdo con el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, con sede en Londres, los gastos de defensa de América latina y el Caribe crecieron el 91% durante los últimos cinco años, hasta alcanzar los 47.000 millones de dólares en 2008. Los países que más incrementaron sus gastos militares fueron Venezuela, Brasil y Chile.
"¿Qué está ocurriendo?", pregunté a varios funcionarios latinoamericanos y estadounidenses.
¿No es algo disparatado, considerando que pocas semanas atrás el Banco Mundial estimó que el número de pobres en la región crecerá en seis millones de personas este año debido a la crisis mundial?

Según García Belaunde, una explicación posible del enorme incremento en la compra de armas es la bonanza económica de varios países de la región en los últimos años por el alza de las materias primas.

Este fenómeno dejó a muchos países con grandes reservas de dinero y, a veces, cuando los gobiernos no llegan a gastar su presupuesto antes de terminar el año fiscal porque no tienen los equipos técnicos o no les alcanza el tiempo para lanzar proyectos de infraestructura, lo más fácil es comprar las armas exigidas por las fuerzas armadas, explicó.

Frank Mora, el funcionario del Departamento de Defensa estadounidense a cargo de los asuntos hemisféricos, me dijo en otra entrevista que, en los casos de Brasil y Chile, las compras de armas son para modernizar equipos que muchas veces no han sido actualizados en los últimos 40 años.
"No creo que eso [las recientes compras de armas] indique una carrera armamentista", me dijo Mora. Agregó que más del 80% ciento de las compras de armas han sido hechas por tan sólo tres países: Venezuela, Brasil y Chile.

"Pero debemos seguir observando eso cuidadosamente y evitar que eso ocurra en lo que ha sido históricamente una zona de paz", añadió. Valijas con dinero

Mi opinión: coincido en que el enorme aumento de compras de armas puede deberse en parte a la bonanza económica o a la modernización de equipos obsoletos. Pero sospecho que, especialmente en el caso de Venezuela, existe un factor adicional: la corrupción.
Si nos basamos en la historia de corrupción de Venezuela y en las evidencias de que el gobierno de Chávez tiene emisarios que van y vienen por el mundo con valijas llenas de dinero, no podemos descartar la posibilidad de que Rusia esté pagando fabulosas comisiones a funcionarios venezolanos por sus 5000 millones de dólares en exportaciones de armas.
La tragedia para la región, además del hecho de que los países podrían usar estos recursos para reducir la pobreza, es que cada compra de armas de un país pone nerviosos a sus vecinos y los incita también a comprar armas.

Es hora de que haya un acuerdo regional para poner límite a las compras de armas y para detener esta tendencia, que -sean cuales fueren sus causas- es un disparate total.
Andrés Oppenheimer

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