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jueves, 25 de agosto de 2011

LIMPIA TU MENTE Y TODO SE LIMPIARÁ

Le decían:
¿Cómo sabremos qué nos enseña el atardecer, y cómo nos
enseña la mañana y cómo nos trae conocimientos cualquier
circunstancia?
Y El así contestaba:
Cada cosa fuera de ti es un espejo donde te miras. Si la
nube de la angustia llena el horizonte de tu corazón, verás una
nube de angustia en cada corazón. Si la calma viene a sentarse
en medio de tu pecho, verás que cada uno también lleva sentada
la calma en su pecho. Si tu cabeza es la guarida donde se
esconden pensamientos de odio, de rencor o de envidia, cuando
camines por las calles y las plazas de la vida sólo verás pasar
por ellas al Odio, y sentado en las bancas al Rencor, y en cada
esquina a la Envidia.
Y dirás:
¡Desearía volar mas allá de esta ciudad porque está
contaminada y quisiera salir de ésta casa, para sentir el campo
limpio y su Pureza!
Y yo te digo:
Limpia tu mente y todo se limpiará.
Limpia tu corazón y todo se limpiará.
Limpia tu cuerpo y todo estará limpio.
Ignorante es aquel que, viendo lo de fuera sucio, no se da
cuenta de su suciedad y dice: Me adentraré en mi corazón para
limpiar mi templo, porque su altar está sucio y su luz atenuada.
Ignorantes son aquellos que pretenden limpiar su templo en el
templo de los demás, y todos los días y todas las noches de su
existencia piensan que el mal está fuera de ellos y no en su
corazón.
Mira los centzontles y mira los jilgueros y mira el
cocoztli, ¿quién podría decirles: tu canto no es armónico? Mira
los sauces, y los ocotes, y los ahuehuetes ¿quién podría
decirles: tu crecimiento no es armónico? ¿Cómo entonces,
podría decirse esto del hombre?
¡Cuánto aprendería un espíritu crítico si supiera que se
está criticando en voz alta a sí mismo, cuando critica a alguien!
Cada cosa tiene su lugar, y cada uno tiene su camino.
Sólo aquel que no lo conoce sigue los caminos de otros, hasta
que al fin, encuentra el suyo.
¡Bendito el día en que lo encuentra, porque ese día ha
nacido de nuevo! Sólo a partir de ese momento le dirán algo los
atardeceres, le dirán algo las mañanas, y le hablarán las flores.
Empezará a caminar con la Naturaleza, y su lengua será como
la de los pajarillos, sus manos serán como ríos, y sus ojos serán
la Vida que mira a la vida.

Del libro Así Hablaba Quetzacóatl que me mostró aquel

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