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lunes, 6 de junio de 2011
y despues de todo esto....la esencicia.
El conflicto de cualquier clase ‑físico, psicológico, intelectual- es un desperdicio de energía. Por favor, es extraordinariamente difícil comprender esto y estar libre del conflicto, porque a casi todos nos han educado para luchar, para esforzarnos. Cuando vamos a la escuela, eso es lo primero que nos enseñan: que debemos esforzarnos. Y esa lucha, ese esfuerzo, son sostenidos a lo largo de toda la vida; es decir, para ser buenos debemos luchar, debemos combatir el mal, debemos resistir, controlar. Así, desde el punto de vista educativo, sociológico, religioso, al ser humano se le enseña a luchar. Se le dice que para encontrar a Dios debe trabajar, disciplinarse, practicar, retorcer y torturar su alma, su mente, su cuerpo, negando, reprimiendo; no debe mirar, tiene que luchar, luchar y luchar en el nivel así llamado espiritual, que no es espiritual en absoluto. Así pues, socialmente cada uno se esfuerza para sí mismo, para su familia.
... Por consiguiente, en todas partes estamos desperdiciando energía. Y ese desperdicio de energía es, en esencia, conflicto: el conflicto entre los «debería» y «no debería», los «debo» y «no debo». Una vez creada la dualidad, el conflicto es inevitable. Uno ha de comprender, pues, todo este proceso de la dualidad; no es que no haya hombre y mujer, verde y rojo, luz y oscuridad, alto y bajo; todos esos son hechos. El desperdicio de energía tiene lugar en el esfuerzo que dedicamos a esta división entre el hecho y la idea.
2 de junio; Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XI
Krishnamurti

[02-06-2011]
En Chile sigue la preocupación por el estado de salud de los cuatro presos políticos mapuches que llevan más de 80 días de huelga de hambre. “Pase lo que pase con ellos, nosotros tenemos que seguir con esto, eso es lo que nos dicen”, sostiene Cristina, pariente de Ramón Llanquileo, uno de los 4 comuneros mapuches. Internado en un hospital en la Araucanía chilena, Ramón se encuentra delicado de salud y pesa tan sólo 45 kilos. Rodeado de sus familiares y compañeros de la causa mapuche, el comunero se encuentra a la espera de que la Corte Suprema tome una decisión sobre su caso.
Lo que piden Héctor Llaitul, Ramón Llanquileo, José Huenuche y Jonathan Huillical es un juicio justo. Las condenas que pesan sobre ellos, de entre 20 a 25 años de cárcel, fueron emitidas bajo una ley antiterrorista heredada de la dictadura de Augusto Pinochet, por lo que presentaron una demanda de nulidad del juicio.
En una primera instancia la demanda tuvo respuesta positiva y la Corte de Apelaciones de Concepción ratificó la absolución de los casos. Sin embargo, los familiares de los mapuches temen que el Ministerio Público Militar o los querellantes puedan presentar un recurso a la Corte Suprema en los próximos días.
Los 4 comuneros fueron condenados por su activismo y lucha por los derechos del pueblo mapuche. Según informaciones, ellos estarían detrás del ataque a un fiscal, Mario Elgueta, en octubre de 2008. Las condenas impuestas, según defensores de los derechos humanos, han sido producto de juicios llevados a cabo con múltiples irregularidades y uso de reglas excepcionales que no son tolerables en un contexto de democracia. Este viernes se espera el pronunciamiento de la Corte Suprema Chilena.
Anna Rosales, de Radio Nederland, nos ofrece la conexión con Cristina, pariente de Ramón Llanquileo, uno de los 4 comuneros mapuches en huelga de hambre.
Audio publicado en Más Voces : www.masvoces.org
En Sol estamos por lo de todos
Nos juntamos, como todas, para pensar las plazas. Pensar en lo que nos pasa, en lo que pasa alrededor, en lo que queremos hacer pasar... El siguiente texto colectivo aborda una pregunta: ¿qué sería para nosotras una democracia sexual real ya?, y una tensión: estar por lo de todos no es decir todos somos iguales.
Pedagogía contra el pelo mediterráneo: dificultades de la acampada en Sol
Por Grupo de Trabajo sobre género y sexualidad
- Cartel que mostraba el primer lema del grupo de trabajo de feminismos. Fotografía: Saúl Ariza
Como mucha otra gente nos hemos preguntado en estos días qué es para nosotras la democracia real ya! Y como todos, hemos condensado su sentido en mil frases colgadas por toda la plaza: Que no nos representan, que la política entendida como representación de todos por parte de una casta (con intereses propios) no cabe en la anchura de nuestros deseos de estar, participar, debatir, cooperar, decidir, sentir con los demás.
Que no pueden representarnos porque nos precarizan la vida. No somos mercancía en manos de políticos y banqueros. La precarización de la existencia no es una novedad, tampoco es un discurso, sino que es la experiencia de la violencia sentida de mil formas que se ha acumulado, y hoy estalla en la plaza de Sol. Empleos de mierda, disciplina laboral, educación sin expectativas, falta de servicios para la vida cotidiana y supeditación de los que hay al interés privado, contaminación e insalubridad, especulación y esclavitud hipotecaria, encarecimiento de lo necesario y bajada de salarios, consumo absurdo, sobrecarga en las tareas de cuidar, jerarquías laborales y paro para disciplinarnos a todos … Y por eso, pesadumbre, malestar, hartazgo, sensación de no estar viviendo nuestra propia vida sino la que otros nos han diseñado bajo un aparente estado de normalidad cada vez peor disimulado.
Así que querer es poder, y ahora queremos.
Porque desde Sol y otras plazas, nos afanamos a golpe de martillo y de palabra en afirmar un estar distinto. La verdad es que no nos integramos, además, como dijo una mujer en la radio no nos dejan, y como no nos dejan nos preguntamos ¿pero quién quiere integrarse en esta mierda de mundo?
Todo esto nos lleva a empezar a construir por lo común –la crítica a la representación y su íntima conexión con el capitalismo-, la democracia, lo real y el ya. Y por eso no queremos abrir diferencias entre nosotros. Fundamentalmente de dos tipos: las que nos recuerdan que tenemos ideas distintas sobre estas tres cosas, pero también las que nos recuerdan que no vivimos de igual modo su ausencia. Una tiene que ver, según dicen algunos, con las ideologías que en el diálogo van aflorando, y la otra, con las identidades complejas que crea y/o refuerza este mundo cruel (hombres, viejos, estudiantes, mujeres, niños, inmigrantes, asalariados, pobres, jóvenes, domésticas, jóvenes mujeres, amas de casa, sin papeles, pensionistas, putas, hipotecados, negras, maricas, etc.).
Así que insistimos: todos iguales, todos a una, todos por lo que nos une, porque… ¿qué sentido tiene construir a partir de las diferencias que se nos imponen como disciplina? Pues ninguno, la verdad. La plaza está atenta cuando se trata de privilegiar lo de unos porque aquí estamos por lo de todos.
Sin embargo, estar por lo de todos no es lo mismo que decir todos somos iguales, como nos cuentan los liberales. El intenso deseo de estar juntos no nos puede llevar a pensarnos de nuevo como sujetos desencarnados, abstractos, sin atributos… es decir, sujetos y grupos concretos disfrazados de cualquiera.
Estar por lo de todos, construir un todos es explicarnos las vulnerabilidades y las desigualdades que vivimos, así como la potencia que cada cuál aportamos. Estas fragilidades y riquezas nacidas de la acción de situarse a golpes en y contra el mundo no surgen como cuestiones personales, sino que nacen de un pensamiento de oposición. Somos rebeldes porque el mundo nos ha hecho así!
Esto da lugar a algunas contradicciones. Estar por lo de todos también implica incorporar la singularidad que todos somos y que, ya lo estamos viendo, difícilmente se deja representar.
Algo de eso parece resonar en lo sucedido respecto a la pancarta “La revolución será feminista o no será”, que fue mal recibida por alguna gente como una señal de división. Muchos pensaron: ¿pero esto no era un movimiento que no se presentaba bajo ninguna “bandera”? Pero, ¿no se trataba de estar unidos y no generar divisiones? Hombres, mujeres… ¿qué más da? Aquí estamos juntos.
En ocasiones, desde el movimiento Sol resulta difícil imaginarnos como personas que no están incluidas desde un principio dentro de una ciudadanía igualitaria. Al fin y al cabo Sol es el Km cero. Más aún, ciertas luchas se entienden como particularistas, como es el caso del feminismo, aunque éste al reclamar derechos para las mujeres y la gente “trans” del sexo esté reclamando para todos, también para los que han de perder privilegios heredados.
La dinámica en todo caso ha de ser enriquecer, poner lo propio para mezclarlo con lo de los demás, porque además es así como se da. Entonces, podemos preguntarnos qué sería para nosotras la democracia sexual real ya.
Pues sería un mundo en el que se acabara con la manera en la que la democracia existente separa a los sexualmente discriminados, las mujeres, maricas, raros… de la capacidad para decidir sobre nuestras vidas. Porque si la política tradicional está en crisis, ésta atañe de forma particular a las mujeres. La política convencional y las mujeres están especialmente divorciadas, por mucho que una minoría se integre sin chistar en el funcionamiento de partidos, sindicatos e instituciones.
También en la plaza cuesta estar cuando una habla de encargarse de cuidar a otros si no se reparten las responsabilidades o se crean (como se ha hecho) espacios infantiles o habilitados para gente diversa. O cuesta cuando no se cuestiona el acceso naturalizado de los hombres a la palabra pública y a ser portavoces. O cuando se lanzan consignas críticas que –sin pensar- presumen que los sujetos políticos no pueden ser las desheredadas de la tierra (que gobiernen las putas, que sus hijos no saben). O cuando la democracia no llega a la casa patriarcal y se queda sólo en la plaza, o cuando la plaza no es accesible para todos. El código genético de la democracia existente es excluyente, porque instituye ciudadanos de segunda y de tercera, y porque sólo es ciudadano el individuo que llega ya “producido” a la plaza, una vez ha eliminado de su existencia política todo lo que le recuerda su condición de cuerpo vulnerable. Así que la democracia, para que sea real, ha de pensarse también como democracia sexual, migrante y diversa.
Y es que además nuestros gritos de democracia real atacan las diferencias que nos impone el capitalismo, que no duda en dividirnos para así explotarnos mejor acudiendo para ello a mil argumentos, activando de paso prejuicios raciales, sexuales y de todo tipo. Decir que esta crisis no la pagamos nos hace pensar en cómo acabar con el hecho de que la pobreza, el paro, la precariedad afectan de forma sangrante a las mujeres, especialmente a las de clase baja, entre ellas las migrantes. Cuando hay crisis hay recortes y ahí se revela, una vez más, que el empleo femenino es subsidiario y que la precariedad femenina es aceptar la temporalidad, la media jornada y la discontinuidad manteniendo el tipo, e incluso acudiendo a argumentos de conciliación.
- Partes que quedaron del cartel cercenado. Fotografía: Saúl Ariza
El paro femenino es perfectamente tolerado por el sistema. Todo esto genera dependencia heterosexual y diferencias de poder en las familias, hecho que tampoco ayuda mucho para una democracia real. Cuando hay crisis se recortan servicios –y nos es que haya muchos- y toca comprarlos (a la mierda la salud, la escuela infantil, los libros, el comedor, las residencias, las ayudas de todo tipo, etc.). Cuando la cesta de la compra es más cara y todo es mercado, incluido la vivienda, el trabajo en la casa crece. Y las mujeres –ya sabemos- estamos muy dispuestas a arrimar el hombro privándonos incluso de lo propio (el tiempo, el espacio, la integridad psíquica, la creación… la plaza).
Para nosotras y nosotros, imaginar la democracia real ya es pensar las desigualdades que nos atraviesan, también como género y sexualidad. Y es por eso que no la podemos imaginar sin el feminismo, o los feminismos, que son los lugares desde los que aportamos reflexión, combate, vida.
Nuestra idea del feminismo no tiene nada que ver con la lucha de sexos, sí con luchar contra las desigualdades de sexo. Tampoco tiene que ver con excluir, sí con señalar privilegios y buscar lugares más igualitarios. No tiene que ver con la censura y el dogmatismo, sí con acabar con las jerarquías ocultas tras lo normal, lo que se da por sentado. Porque… aunque duela, en las plazas, por muchas razones, no todos somos iguales, por mucho que queramos serlo ya! Y es ese deseo de querer serlo ya el que ha de llevarnos a pelear contra todo lo que nos hace desiguales.

[03-06-2011]
El obispo Luis Alfonso Santos enfrenta una querella interpuesta por un terrateniente hondureño. A Luis Alfonso Santos, sus críticos lo conocen como el cura rojo, debido no solo a que fue el único prelado que condenó el golpe de estado contra Manuel Zelaya en el 2009 sino porque no ahorra palabras contra la oligarquía hondureña a la que califica de avara, acaparadora y culpable del hambre y la extrema pobreza de su país.
Hace algunos días este obispo de la Diócesis de Santa Rosa de Copán, una zona rural indígena del occidente de Honduras, fue acusado de difamación y calumnia por el terrateniente Miguel Facussé. El desencadenante de la querella fue una concentración pública, en la que el sacerdote dijo que Facussé era el culpable de la muerte de 14 campesinos, en la zona del bajo Aguán, durante un desalojo violento de unas tierras que se encuentran en disputa entre el empresario y campesinos.
El obispo declaró a Radio Nederland no estar dispuesto a retractarse de ninguna de las palabras dichas y que si tiene que ir a la cárcel por defender los derechos de su gente está dispuesto a hacerlo.
No es la primera vez que las declaraciones del sacerdote causan escozor en la clase empresarial o política de Honduras. Años atrás, Santos aseveró “que el Congreso hondureño era la madre de la corrupción y que los políticos estaban recibiendo dinero de las compañías mineras para financiar sus campañas electorales”.
El presidente de las cámaras de aquel entonces, Roberto Micheletti, reaccionó indignado ante la actitud del obispo.
Luis Alfonso Santos fue el único sacerdote que inmediatamente después del derrocamiento de Zelaya en 2009, emitió un comunicado en el cual condenaba el golpe de estado. Su comunicado contradecía de lleno el publicado por la Conferencia Episcopal hondureña en el que se hablaba de una sucesión presidencial. El obispo lamenta que con la posición de ese día, la Iglesia Católica de su país se alejara de la gente más necesitada, una Iglesia que estuvo a la par de los campesinos durante la reforma agraria de los años 70 y que ahora es vista más del lado de las oligarquías.
Escucha la entrevista al Obispo hondureño Luis Alfonso Santos.
Audio publicado en Más Voces : www.masvoces.org
más voces
No apto para gente creida y que mira para otro lado.
Este documental tiene 4 años. No podemos decir que no estábamos advertidos.
jueves, 2 de junio de 2011
Pueblos en transición:
La lucha de los activistas ambientales en los últimos 50 años ha fracasado. De nada sirven las manifestaciones y de poco o nada sirve concienciar a la gente sobre el cambio climático. Hay que ir mas bien hacia el pico del petróleo. A la gente le interesa mas lo que entra en su coche que lo que sale de el.
Rob Hopkins
Nuestra seguridad es demasiado importante para dejarla en manos de políticos.
